jueves, 21 de marzo de 2019

lunes, 18 de marzo de 2019

A veces me inventaba una vida.
Creo firmemente que la locura es un salvavidas,
en un mar de cordura tan políticamente correcta.
Tenía ella una sonrisa;
¡un arco iris en la boca
después de una lluvia de besos!,
donde podía tronar un corazón
si su mirada, como un rayo,
te quemaba la piel.
Y yo provocaba en ella muchas,
muchas sonrisas que derivaban
en una risa fresca,
como esa brisa que te rescata de noches de verano
que parecen asfixiarte.
Yo hacía sonar la flauta
y la música era ella,
y el ritmo
y la letra.
A veces me inventaba una vida,
le gustaba el café
hacía juego con sus ojos
y con ese manotazo al sueño
que la dejaba más tiempo escribir en mi espalda
y trazarme mapas para llegar a su cuerpo.
Tenía la costumbre de dormir junto a la ventana,
subía la persiana para que viera amanecer.
Como si ella no anticipara con su presencia
la claridad y esperanza de un nuevo día
cada vez que ocupaba mi cama.
A veces me inventaba una vida.
Ya no...
me hice mayor...
Si aún andase encendiendo las luces de mis sueños,
me diría que no soporta mi manía de hacer caso al tiempo,
ella que juraba
que siempre nos quedaría París para parar el tiempo
y el mundo.

domingo, 3 de marzo de 2019

Ahora no.

Ahora de repente quieres saber? Después de intentar mil veces hablar contigo y no querer ni siquiera escucharme? Ahora de repente quieres hacerlo aunque según tú ya sabes todo de mí. Si supieras todo de mí y yo te interesara lo más mínimo sabrías que mi familia y yo, ahora mismo, estamos luchando todos juntos por algo más importante y honestamente, no tengo tiempo para un juicio sumarísimo de ti sobre mí. Ahora no, lo siento. Un saludo y suerte con tu vida.
Sonia leyó el correo. Volvió a leer: "si yo te interesara lo más mínimo" Intentó sonreír, y todo quedó en un amago de sonrisa.
Respóndele, le decía algo desde dentro. Pero sabía que no había lugar.
Ese si yo te interesara lo más mínimo... Como si ella conociese ya a quién escribía aquello, cuando aún no había parado de preguntarse si la conoció alguna vez, la interpeló, respondiéndose que quizás sí había ese mínimo interés.
Sonia le había dado la oportunidad de contarle la verdad,  aunque Paula se lo había pedido muchas veces, ella nunca quiso que la llamara. Pero es que los sentimientos son así, duelen hasta que el tiempo los va limando, suavizando y ajustando.
Le había escrito cuando se vio preparada, el tiempo ni lima, ni suaviza, ni ajusta en igual medida para todos. Valga la redundancia, se toma su tiempo para cada uno.
Y ella  lo había hecho en honor de lo que un día le escribió a Paula: ".... Y en este modo quiero decirte que las horas contigo son minutos que me guardo para siempre. Sí, para siempre. Eternamente míos aunque alguna vez ya no sintamos lo que sentimos hoy"
En eso radica todo. Puede que ya no sepamos nada de la otra persona, es normal y necesario, pero siempre hay un ayer en el que sí habita ese lo que fue nuestro, donde sí nos reconocemos, donde  hemos amado...
Entonces, quizá por eso,un día. Y no de repente, como quiere hacerle creer, porque han habido muchos días y muchos por qués... Sonia le escribe a Paula  y le dice que le cuente la verdad, tal cual es.
Que ella la sabe y porque la sabe, no quiere medias tintas, ni que Paula le justifique nada, ni siquiera por si piensa que así va a doler menos.
Quiere saber la cruda realidad, sin adornos.
Tal vez, las formas de escribirle no habían sido las más correctas, pero es que al otro lado ya no iba a leerla la mujer a la que una vez quiso y no supo hacerlo de otra manera.
Y ¿ Por qué ahora?.
Porque se lo pidió y se lo denegó, más de una vez, y no quiere denegárselo más a la Paula  que una vez amó.
Pero así son los ciclos, las etapas... No a todos se nos cierran a la vez. "Ahora ya no", le había contestado Paula .
Quizás algún día sin pensarlo, por azar, casualidad... Paula entienda que el pasado no vuelve, pero está como complemento de lo que somos y que quiera o no, Sonia estuvo  en el suyo y en base a eso quiso concederle, aunque piense que demasiado tarde, lo que un día le pidió.

sábado, 2 de marzo de 2019

Ronda de sueños, pago yo.

Noche,
ponme una de sueños.
Si me besa,
que me bese,
no importa si luego despierto
y de su boca solo queda
el adiós de un beso.
La realidad ocupa toda la cama
y yo no estoy durmiendo.
Dice mi alma
que apagues la cordura y el tiempo,
que respeten las alarmas
la sincronía de los cuerpos.
Que no madruge la mañana
y retenga la utopía
de mi perfume en su cuello
y mi pecho en su espalda.

viernes, 22 de febrero de 2019

A veces quiero cruzar
porque no es fácil,
no sé estar en esta orilla.
Me muerdo los labios,
las letras y las manos.
Se me desangra un verso en cualquier esquina,
y tengo que huir de la escena del crimen
y buscarme en las venas
la sangre fría del que aprieta el arma.
Hay un ruido frenético
en este ensordecedor silencio
de metáforas calladas.
La noche nunca tuvo tantos duelos de palabras.
Pero sé que, quiero retener,
paralizar las ganas,
esperar  la piel que me tiente el deseo,
la mirada que me excite, provoque el alma,
Y esa voz que como Lázaro
espero que me diga levántate y ama.

domingo, 3 de febrero de 2019

Cuánto me has querido tú?

A veces llega  tu perfume sobrevolando el recuerdo...
Se abre sin querer la ventana,
se cuelan sin permiso
el aroma de cualquier tarde frente a una taza de café,
o las sílabas impacientes   recitando en un tren
que la felicidad tiene que sonar así como tu risa.
Mi mente indiscreta,
con su desmesurado disfraz de poeta, 
evoca un susurro al amanecer,
los labios en tu espalda
acortando distancia entre tu piel y mi piel.
Alguna vez la tarde cae
como cuando tú cerrabas los ojos,
o la noche es un balcón abierto
al sonido del mar al lado de una misma almohada.
Abro de prisa la puerta
como si tú llamaras a esta casa que no conoces
y desconoce que estoy soñando.
Mi subconsciente parece que también se acuerda
de cualquier rincón para dos,
de algún beso de carretera...
De aquella cicatriz que delinearon mis manos
queriendo traerse la huella
de lo que años después aún palpamos,
como si su tacto siguiera
suave,
eterno,
sagrado.
Sé que no produce esto los latidos  de un corazón que aún te quiera,
seguro son las pulsaciones de haberte querido.
Respuesta a la pregunta inevitable de
¿ Y cuánto me has querido tú?.

miércoles, 30 de enero de 2019

Cuídate.

Cuídate.
Y la puerta se cerró despacio como a cámara lenta.
Nuria se quedó quieta en medio del salón sopesando ese deseo que María acababa de dejarle.
¿Qué había querido decirle exactamente?.
¿Cuídate sin mí , sin mis brazos rodeando tu cuerpo, sin mi mano buscando perversa cualquier  centímetro de tu piel, sin mi locura de despertarte a las tres de la mañana porque la luna  ilumina tus labios y yo quiero comerte a besos...?.
O ¿cuídate de la soledad, del frío que llega del lado vacío de la cama, del silencio del móvil, del olvido o ausencia de fechas en un calendario que hacen que los meses sonrían...?
Nuria sigue barajando posibilidades.
¿Cuídate de todo lo que me llevo y de todo lo que dejo? .
Sí, es eso. Esa ha sido la sentencia.
Así suele ser el veredicto del amor para alguna de las partes, y le estaba tocando a ella.
Al fin reacciona y abre la puerta.
El viento sopla fuerte, salvaje.
La calle está desierta.
Que María esté regresando sería sólo una ficción.
Dar la vuelta y besarla para borrarlo todo es una escena de película.
Esto es la vida real. No hay más que esto: Un viento frío que abofetea y una patada de siete letras justo en medio del corazón.