martes, 4 de julio de 2017

Escribes poemas porque necesitas un lugar en donde sea lo que no es. Alejandra Pizarnik

Yo que creía haber visto tu reflejo
en los espejos a los que me asomaba
cuando yo no era esta que ahora escribe.
Que te vi una tarde mojada de lluvia
porque habías iniciado la primavera,
y traías los bolsillos llenos de hojas
para que yo fuera poeta.
Y por tus ojos cruzaban estrellas fugaces
a los que pedir deseos.
Yo que creía que el cuento no podía tener final
si no era contigo.
Que había un hueco en la tierra
que se hacia cielo
cuando me besaba tu boca,
ya fuera al borde de una cama
o de un recuerdo que pensaba
que los besos no se acaban nunca.
Yo que era infiel a la luna
por soñar contigo,
que eras tú,
que siempre eras tú,
quien decretaba las leyes de mi universo.
Que extrañé tu piel antes de haberla rozado
y pusiste nombre a todas las palabras
que yo no había nombrado
hasta que tu pecho fue mi isla secreta,mi puerto.
mi tobogán favorito por donde descender mi cuerpo.
Yo que creía que si no dejaba de llamarte
no sabrías irte,
reconozco mis fracasos,
y la rapidez del tiempo que ya no tengo.
Y quisiera saber despedirme a la altura
de las ilusiones que deposité en tus manos,
y morderme las manos para que no escriban tu adiós.
Hasta la médula confié
en  que lo imposible no sabía de ti,
que lo único inadmisible sería
que tú y yo no amaneciaramos cualquier día
leyendo toda esta poesía
que te ha amado conmigo
todos los días de mi vida.