domingo, 13 de diciembre de 2015

Querido Amor.


¿ Te acuerdas de la primera vez que soñé contigo?,
todavía me dolían las heridas de su indiferencia,
pero yo te quería extenso, supremo en mi vida.
Y te veía soplarme caricias al oído
y supe que alguna mujer te portaría
por encima de todos los desastres de esta vida.
Y me inculcabas el placer por cada aliento
que  se me escapara en pos de hallarte
conteniéndome el corazón.

Y volverás en otros ojos;
espejos de mis risas,
donde me veré loca, payasa ...  y muerta de envidia
cuando la luna sepa de tus sueños más que yo.
Y aún me quedará dormir con tu pijama
y despertarme a media noche 
y extrañarte en la cama
y complacerme al oírte regar con el agua de la ducha
la  alegría de mi casa
y volverme al lado que ocupabas
y sentir tu calor entre las sábanas
y desearlo eterno todas las mañanas.

Será con otro nombre, y otras ganas
como aprenderás a tocarme el corazón
en la punta de la lengua 
y a perdonarme estas manías de mal poeta
que a la menor ocasión te lo ofrece en bandeja,
aderezado de las incontables ilusiones 
que viran en mis planetas.
Y te morderé el cuello a versos
para que te sangre cuando no me leas.
Por tu culpa, por la única culpa de hacer que te quiera.
Por hacer que cada segundo, 
aún cuando haga mil años que estoy muerta,
bendiga haber pisado tu misma tierra.

Serán tus manos  las que estoy segura
tomaré en cualquier calle que ya nos presienta,
antes, seguro, de que los días se hayan 
acostumbrado a tu ausencia.
Y a las que querré asirme en noches de tormenta
cuando el invierno es tan frío  que hasta quema.
Porque eres tú quien tiene, exprime, dosifica la primavera.

Querido amor: Vendrás al galope de otros vientos
y me alborotarás el pelo, los pensamientos ... 
y toda metáfora  que se crea capaz de ratificar
cómo es el roce de tu piel en mi espalda
o un beso saltando los límites derruidos.

Sé que hueles y sabes,
renaces y regresas,
vistes y descalzas ...
Y hasta tomas el café de mil maneras distintas.
Pero sé que te desvistes de la única forma que sabes,
así, dejando en cueros hasta el alma.
Porque no hay otra manera posible de reconocerte
si no es descubriendo el alma. Aunque se parta.

De lo que pasa, de lo que pase, de lo que pueda pasar,
 si ocurre el que se parta,
ya te hablarán otras cartas.
Esta solo remite y admite tu regreso a casa.
¿ Voy encendiendo las luces y poniendo la mesa?,
hay cena para dos cuando tú quieras.

1 comentario:

Isa G.L. dijo...

!!Qué bonito!! Como siempre
Besos
H