domingo, 14 de noviembre de 2010

Contrincantes.


Las agujas marcaban las nueve y media en la esfera de su reloj. Inquieto se removía en su sillón favorito sin prestar atención al libro que sujetaba entre las manos y que no leía desde hacía horas cuando oyó el ruido de la llave en la puerta de entrada.
Poco y mal intentó disimular el desasosiego y el enfado que delató su voz al responder al hola de ella.
_ Después de salir me convencieron para tomar una copa y ya nos enredamos, por eso llego tan tarde..._ contaba Sara mientras iba dejando abrigo, bufanda, cartera a un lado del sofá.
_ ¿ Cuándo piensas contármelo ? _ tronó la pregunta como un trueno bestial que estallara de repente en medio del salón.
Sara que se acercaba a él para encender más luces se paró en seco y no respondió.
_ ¿ Tan idiota me ves ? - Preguntó ahora con una voz distinta, como si el eco del estruendo la hubiese quebrado.
Ella se sentó al lado de los objetos que había dejado poco antes y entonces dijo no sé qué decir.
_ ¿ Cuánto tiempo hace ? _ quiso saber Ricardo ocultando en el lado más oscuro de la estancia las lágrimas que no podía retener.
_ ¿ Cuánto tiempo hace de qué? _ cuestionó Sara, evadiendo quizá un instante más ese momento al que tantos otros había sido incapaz de enfrentarse.
_ ¿ Cuánto tiempo hace que soy un maldito cabrón ?.
_ Hace tres meses que salimos _ La voz de Sara también se tornaba ahora rota .
_ ¿ Qué tiene que no tenga yo ?.
_ Ricardo, no creo que esta conversación deba basarse en comparaciones.
Y él sabía que ella tenía razón, y en todo segundo que la esperó esta noche, reflexionó en qué forma actuaría, y en ninguno aceptó el papel de víctima ni masoquista. Pero ahora conspiraba contra él este interrogatorio que pareciera no poder controlar.
_ ¿ Es más alto, más guapo, más feo, más gordo, más hijo de puta que yo ?.
_ Ya vale Ricardo _ estalló Sara _ No voy a responder a semejantes absurdos. Sé que es inevitable que hablemos, pero no voy a entrar en ese juego. Sé que tenía que haber hablado ya contigo, contarte qué pasaba o incluso habertelo dicho antes de que pasara, pero nunca encontraba el momento ni la hora, o me desarmaba tu sonrisa o tu mirada atenta un día, o era tu mal humor o tu apatía los que me contagiaban otro...
_ ¿Y él cómo se llama ? _ interrumpió Ricardo, como si no la estuviese oyendo o como si saber el nombre de su contrincante fuese vital e imprescindible para calibrar y advertir la importancia de lo que allí estaba pasando
_ Marta. Ella _ puntualizó Sara _ se llama Marta.

4 comentarios:

A D A G I O dijo...

Como yo!! Si es que las Martas... xD

Continuará la historia?;) Un abrazo!!

brezo dijo...

vaya! que sorpresa! habrá segunda parte? bsts

Tanais dijo...

Se habrá quedado a cuadros el chaval jajajajaja, a ver si sigues con la historia.

Estoy copn Adagio...es que las Martas...

alasdemariposa dijo...

Adagio, qué les pasa a las Martas?,jejej.
Tú eres Marta o Sara?.
La historia no continúa, al menos que me des ideas ,jejeje.
Brezo, no creo que haya segunda parte.
Tanais,no creo que este relato tenga continuación. Quizás otro.